Nuestra cabeza es el núcleo de nuestras emociones, y después, de nuestros sentimientos.

No sentimos nada que la cabeza no nos permita sentir. La clave de la salud emocional esta en lo que pensamos.

A lo largo de nuestro día, se nos pasan mil ideas por la cabeza. Pensamientos que no podemos controlar. Un pensamiento nos lleva a otro, y este a un tercero, y así, hasta que algo consigue captar nuestra atención…, y acabamos en las más puras incongruencias, poco reales, pero que nos creemos “a pie juntillas”. Y es que podemos estar horas, sin que nada capte nuestra atención de verdad. Podemos pasar mucho tiempo divagando sin darnos cuenta.

Pero no somos nuestros pensamientos. Estos, son solo fenómenos mentales. Sin embargo, nos los creemos. Lo hacemos de tal manera que acabamos sintiendo como ellos nos marcan. Tienen la cualidad de ir desbocados, saltando de un lugar a otro. No nos da tiempo de atraparlos, porque se mueven sin control, de una manera rápida y cambiante. Como una mariposa a la que es imposible atrapar. Y muchas veces, nos controlan.

Pero nosotros, no somos nuestros pensamientos. Nuestros pensamientos son creadores de historias. En contraposición, estamos nosotros, con nuestra historia real.

Cuando la cabeza interpreta, lo pasa por un tamiz personal. Una configuración personal (como un software individual), que cada uno tenemos. Interpretamos acorde a experiencias pasadas, a nuestra visión del mundo, en definitiva, en base a nuestras creencias. Esto, muchas veces nos hace sentirnos mal. Pues las historias que creamos, no son producto de la reflexión, sino de miedos ocultos, de malas experiencias, y de creencias erróneas.

A veces nos sentimos alterados, nerviosos, tristes, sin aparentemente ninguna causa. Cuando esto pasa, puede ser por dos motivos:

-porque haya una causa objetiva para ello, en cuyo caso, debemos abrazar esa tristeza, esta sensación de malestar. Reconocerla y aceptarla. Para poder sanarla…

O, también puede pasar,

-que estamos pensando erróneamente. Nos estamos creyendo la película que nuestra mente se ha montado.

Mindfulness nos permite conectar con nuestras emociones, con nuestros sentimientos. Al desarrollar la autoconciencia, podemos reconocerlos.

Es decir, sirve en los dos casos: Para aceptar y reconocer nuestras emociones, y para observarlas con distanciamiento, sin enjuiciar, y poder discernir cual es nuestra verdadera realidad.

Así, conseguimos darnos cuenta, de un sentimiento de angustia, de un sentimiento de tristeza, de ira….Así, mediante la autoconciencia, hemos dado el primer paso para la aceptación de que algo está mal, de que algo nos está alterando o preocupando…

Esto es Mindfulness . Una práctica para aceptarnos a nosotros y nuestras emociones, siendo ecuánimes. Con comprensión. Observando el problema, el sentimiento, la emoción. Observándolo de forma impersonal. A mayor distancia. Intentando explorar las causas de nuestra emoción, de nuestro malestar, en vez de enfrentarnos a ello y emprender una lucha sin tregua contra nosotros mismos.

Esto es Mindfulness, contactar amablemente con nosotros mismos. La conquista de la conciencia plena, nos ayuda a ir… hacia una vida plena.

Porque lo que creemos firmemente, es lo que nos pasa. Y lo que pensamos que somos, es lo que crea nuestra realidad. Por eso, cualquier cosa que te propongas, si crees que puedes, podrás. Y cualquier imagen que tengas afianzada de ti mismo, sobre ti, prevalecerá sobre las historias de tus pensamientos.

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